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por el Pastor Manuel Morales
15 de agosto del 2012

Lectura Bíblica:  Job 13:15

La visión de una vida en Fe y Victoria ha sido distorsionada en muchas ocasiones y mal enseñada por algunos pregoneros de la prosperidad.  Pensamos en alguien que vive una fe victoriosa como la persona que marcha por el mundo sin problemas, dificultades, siempre con el viento a favor, dinero en el bolsillo, salud, y ningún problema en su lucha contra el diablo y la carne.

Pero esto no es lo que la Biblia nos dice.  Cuando pienso en alguien que puede exhibir una fe a prueba de todas las circunstancias y aun conservar la esperanza, la persona de Job viene a mi mente.  Desprovisto no solo de aquellas cosas materiales que eran imprescindibles para su existencia, de su familia y aun privado de su salud, tomó el camino de la Fe y mantuvo su resolución de vivir en fe y confianza en Dios; “Aunque él me matare, en él esperare…”  Esta expresión no deja lugar a dudas, confiaré y esperaré sin importar cuál sea el plan de Dios con mi vida, porque espero en Él.

El fundamento para una Fe a prueba de todo es nuestra decisión de confiar en Dios cualesquiera sean las circunstancias, poner nuestros ojos en el Señor y seguir adelante a pesar de todas las circunstancias que nos rodean.  Una de las armas predilectas del Diablo es tratar de controlarnos a través de las emociones y experiencias con respecto a lo que sucede en nuestra vida, hacernos creer que somos víctimas en vez de instrumentos que están siendo preparados para el propósito eterno de Dios a través de todo lo que pasa por medio nuestro.

Pero para Job, para usted y para mí, las promesas de la Palabra son siempre actuales, el Dios en quien confiaba y esperaba Job, es el mismo Dios nuestro, y el resultado para una Fe a prueba de todo es siempre el mismo, aunque la recompensa no la veamos de inmediato.  El mundo que nos rodea puede resultar difícil y peligroso, las circunstancias pudieran empeorar, pero cuando tenemos como Job nuestra vista puesta en Dios y nuestra confianza en su fidelidad, escucharemos aun en medio de las peores situaciónes, un susurro de aliento y sostén a nuestras vidas:  “…En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Jn. 16:33)  Entonces nuestra esperanza se acrecienta, nuestra confianza se fortalece y podemos decir como Job:   “Aunque él me matare, en él esperaré.”