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 por el Pastor Manuel Morales
16 de junio del 2012

“Entonces Manoa dijo: cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?”  Jueces 13:12

Si buscáramos una difícil profesión en la vida es indiscutiblemente, la de ser Padres.  Y a diferencia de otras no es estudiada, no hay ningún curso previo para prepararnos para la interminable labor, también enfrentamos el desafío y la bendición de que cada uno de nuestros hijos es diferente… no podemos tratar con todos de la misma manera, pero debemos cumplir los mismos objetivos que la tarea y responsabilidad de Padre presupone.

Pero creo también que no hay otro privilegio y recompensa mayor en el mundo que la de ser Padre.  El salmista dice:  “Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos…” Salmos 127:5.  Por eso, ante el gran reto de ser Padres conviene que mencionemos algunas cosas que ayudarán a tener éxito en la tarea.

Primeramente, mantengamos comunión constante con el modelo de padre, nuestro Padre Celestial.  Cuando aprendemos como hijos de un Padre amante, su trato con nosotros, su manera de cuidarnos, disciplinarnos, y proveer materialmente y espiritualmente para nuestras vidas, estaremos mejor preparados para criar a nuestros hijos.

En segundo lugar, comencemos la tarea inmediatamente, en cuanto nuestros hijos nacen, meditando en la importancia de que reciban una intrucción sana desde pequeños.  La Biblia dice claramente en Proverbios 22:6, “instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.”  En Deuteronomio 6:5-9, observamos las instrucciones que les da el Señor al pueblo de Israel diciendo:  “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.  Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.”

En tercer lugar, somos Padres porque tenemos hijos, ellos son la razón por la que poseemos ese hermoso título y a ellos debemos dedicar nuestros esfuerzos, anhelos, y todo nuestro amor.  Dios nos los ha dado como una manifestación de su Gracia y por eso debemos cuidarlos, amarlos y guardarlos con toda la fuerzas de nuestra vida.

Y después de esto, consagre sus hijos al Señor, póngalos totalmente en sus manos, al final, “todo padre cristiano solo cuida el regalo que Dios le ha dado, y ello son los Hijos.”