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por el Pastor Manuel Morales
18 de mayo del 2012

Romanos 12:1-2
Los cristianos de nuestro tiempo están viviendo una difícil batalla de elecciones y decisiones.  A nuestro derredor somos bombardeados por amistades y medios que nos dictan cada día cuales deben ser nuestras prioridades:  luchar por lo que tú quieres, tu satisfacción debe estar en primer lugar, no te preocupes de los que están a tu alrededor, si para ti está bien y te satisface, es bueno…  Pero cuando nos confrontamos con la Palabra de Dios encontramos una situación diferente.  Las enseñanzas de nuestro Señor nos dicen que el Padre celestial proveerá conforme a nuestras necesidades (Fil. 1:19), que el éxito en la vida cristiana esta en negarnos a nosotros mismos y seguir adelante (Luc. 9:23) y que Dios siempre bendice aquellos que actúan con humildad en el corazón (Stgo. 4:10).

En Romanos 12:2 Pablo presenta a los cristianos los pasos para desarrollar la vida que agrada a Dios, y hace una urgente advertencia a los fieles a no conformarse a las normas del mundo, sino vivir bajo las normas del reino de los cielos, así mismo a transformar nuestras mentes y pensamientos (Col. 3:2) y poner toda la atención en aquello que realmente edifica, adorna y bendice nuestras vidas (Fil. 4:8).

El conflicto principal de la cristiandad en el día de hoy está en vivir conforme a los estándares del Reino de los Cielos.  Influenciados por tanta basura mundana por todos lados, en muchas ocasiones tenemos la tendencia a pensar y actuar conforme a ellas, justificando nuestra actitud por la influencia del mundo.

La solución a este dilema esta en proteger nuestra mente con la verdad de la Palabra de Dios, busque hermanos maduros que evalúen su vida para identificar las áreas en las que nos hemos desviado, y tratemos de vivir en una comunión viva y diaria con nuestro Salvador.  Solo así podremos hacer reales las Palabras de Romanos 12:1-2…  Nuestras vidas presentadas delante del altar de la cruz como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es al final, la razón de nuestra existencia como cristianos.