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por el Pastor Manuel Morales
14 de abril del 2012

Job 42:1-6
El gran dilema de nuestra vida consiste en que queremos servir al Señor y conocer su voluntad, pero cuando Él nos la muestra, nos resistimos a creer y dudamos de su poder.  Nos parecemos al pueblo de Israel, que fue llamado a salir de Egipto para seguir y servir a Dios por la fe.  Sin embargo, dudaban a cada instante del poder, las promesas y la presencia de Dios con ellos.  La actitud de ellos y la nuestra se resume en una simple pregunta:  ¿Puede Dios?...  Hoy en día me gozo al compartir la Palabra de Dios y decirle:  El Dios a quien servimos es aun el Rey de Reyes, el Señor de la Gloria y capaz de hacer cualquier cosa.  Él sigue siendo un Dios que puede.

He aquí un pueblo que se llamaba por el nombre de Dios.  Aquí un pueblo que ha confiado en el Señor sin reservas.  Sin embargo, parecían ajenos al poder de Dios en medio de ellos.

La nación de Israel parecía ser incapaz de recordar todos los grandes milagros que Dios había realizado en su Nombre.  ¿Cómo les había liberado de Egipto por las plagas?  ¿Cómo había dividió el Mar Rojo?  ¿Cómo hizo las aguas amargas de Mara dulce?  ¿Cómo había derrotado a sus enemigos?  Se habían olvidado del poder de Dios que habían presenciado en sus vidas.

Una vez más, esto nos describe, ¿no?  ¿Cuántas veces ha venido de Dios a través de usted?  ¿Cuántas veces a movido montañas y dividió las aguas en su vida?  ¿Cuántas veces ha levantado el velo de la aflicción y el sufrimiento y ha permitido que la luz de su gloria viniera para alegrar el día para usted?  ¿Cuántas veces ha dado Él paz a tu tormenta?  ¿Cuántas veces en medio de la necesidad ha hecho lo imposible para demostrar lo que es Dios para ti?  Y, ¿cuántas veces nos hemos olvidado de lo que hizo ayer, cuando el problema de hoy aparece?  Amados, tenemos que echar un vistazo atrás, y recordar todas las cosas que Dios ha hecho por ti y por mí.  ¡Dios lo ama tanto que puedes estar seguro de que Él va a hacer cualquier cosa por usted!  Tenemos que hacer un inventario y recordar el poder del Señor, cuando la próxima tormenta comienza a soplar en nuestras vidas.  Entonces cuando la aflicción haya terminado, podremos decir como Job:  “Yo conozco que todo lo puedes…  De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.”