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por el Pastor Manuel Morales
4 de abril del 2013

Una de las cuestiones que preocupan a todos los cristianos sinceros es como poder mantener su fe saludable, robusta y en crecimiento. Usualmente tratamos de mantenernos lejos de los pecados que tradicionalmente consideramos como malos delante de Dios. Luchamos con las tentaciones que consideramos dañinas y que pueden perjudicar nuestra fe y nos sentimos gozosos cuando salimos vencedores en la lucha contra la atracción sexual, la mentira, la cólera, lujuria y otras...

Cuando aceptamos al Señor Jesucristo como nuestro Salvador, le entregamos a El todo el control de nuestra vida, una y otra vez ratificamos la idea de que El tiene la solución para todos nuestros problemas, la provisión para nuestras necesidades, y el poder para dirigir nuestras vidas... pero en la vida real en muchas ocasiones no funciona así con nosotros, nuestra fe sufre, nuestra vida espiritual se debilita y nos sentimos enfermos emocionalmente, la razón: un pecado sutil e inadvertido comienza a estorbar nuestra vida y si le dejamos conduce a la agonía de la fe: El afán y su compañera la ansiedad.

Recordemos unas palabras de Jesús a hombres y mujeres de nuestro tiempo... “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?” Mateo 6:25

Siendo que me encanta estudiar la etimología de las palabras, hallo que el término afanarsees fascinante, aunque la realidad de eso en nuestras vidas puede ser casi enloquecedor. Para empezar, la palabra que usa Mateo, y que aquí se traduce “afanarse” es el término griego merimnao. Es una combinación de dos palabras: merizo, que quiere decir “dividir,” y nous, que quiere decir “la mente.” En otras palabras, una persona que se afana sufre de una mente dividida, lo que la deja intranquila o distraída.

El afán o ansiedad tiene lugar cuando asumimos responsabilidad por cosas que están fuera de nuestro control. Y dejamos que ellas sean las que dominen todo nuestro tiempo pensamiento, fuerzas y ocupen el centro de nuestra atención.

Un ejemplo clásico lo encontramos en la visita de Jesús a una familia en Betania, un grupo de gente magnifica donde el Maestro encontraba siempre un lugar de descanso y refrigerio. Pero Marta había complicado las cosas al convertir la comida en un banquete. Jesús ni se impresionó por el ajetreo de ella, ni se intimidó por sus órdenes. Con toda gracia, y sin embargo firmemente, le dijo: “Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” ( Lucas 10:41-42). Todo lo que María quería era tiempo con Jesús; y Él la elogió por eso. La fe sencilla de María, en contraste con el pánico de su hermana, recibió la afirmación del Salvador.

El Diablo no le pide a los cristianos de hoy que abandonen su fe... o que dejen de creer... simplemente trata de mantenerlos afanado con las cosas de este mundo, con la mente ocupada a tal extremo que su fe se convierta simplemente en una expresión dominical, o un recurso donde acudir en casos extremos, y cuando esto sucede... encontramos una fe tan débil que no tiene fuerzas para ir adelante.

Es tiempo de detenernos, de analizar que esta ocupando realmente el centro de nuestra atención, evaluar nuestra vida de oración, nuestro tiempo con Dios, la salud de nuestra fe... cuan ocupados estamos en cosas que no son realmente lo mas importante y valioso pero están reclamando nuestro tiempo y fuerzas... regresemos... una fe saludable se nutre a los pies del Maestro, escuchando sus palabra y recordando su advertencia sobre lo que realmente es importante: “...Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.”